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jueves, 12 de enero de 2012

El jardín de las delicias - El Bosco

El Bosco: El jardín de las delicias.
 En torno a 1500-10.
(Según Juan Antonio Ramírez, director de la revista descubrir EL ARTE es de 1449-1460, es de las primeras obras)

Óleo sobre tabla, tríptico 2,20 x 3,9 m. Museo del Prado.
Excluido que pudiera estar en un lugar sacro, las investigaciones apuntan a que lo realizara para el conde Enrique III de Nassau, para su palacio de Bruselas. Era hombre culto y junto con su amigo Felipe el Hermoso, coleccionista.
Comprado por Felipe II (2ª mitad del XVI) en una subasta y enviado al monasterio de El Escorial en 1593. Por deseos de Franco se llevó al museo del Prado.
Otras obras: El carro del heno, Las tentaciones e San Antonio, también en El Prado. El Bosco, contemporáneo de los renacentistas italianos, su pintura no es nada italianizante. Tampoco es gótica. Es suya, aunque con un característico detallismo flamenco.

El jardín de las delicias es su obra más famosa, sin interpretación aceptada por todos. Pero la más aceptada es que  hace referencia a que una vida mundana, sólo de placeres, al final acaba en el infierno, en las tinieblas.

El tema representa:

Derecha: la creación del mundo, Adán y Eva y Dios como Jesús. Y el primer pecado representado con sabandijas, patos, mono…

Centro: El mundo con sus placeres. Sátira de los desmanes de la humanidad en la vida terrenal. Sobre todo de los relacionados con los placeres sexuales: frutas, pompas, carrera en círculo.

Izquierda: el castigo final, el infierno. Sátira de los desmanes del clero.  (las maravillosas y paradisíacas montañas y lagos azules del centro, se transforman en edificios oscuros, ardientes y charcas inmundas)

Composición y otras características estilísticas, sacarlas de apuntes., (importante: composición abigarrada, tres planos, pintura casi plana, detallismo preciosista típico de los pintores flamencos…)

Por último: datos biográficos, clientela, originalidad, humanismo en Holanda a  principios del XVI  (Los humanistas como Erasmo de Rotterdam reclaman un cristianismo más sincero y despegado de la riqueza terrenal, critica la incultura del clero, la avaricia del mismo, la falsa moral, alaba el trabajo y el esfuerzo).
Influencia en el surrealismo, tanto en temas (el yo irracional, pasional) como en formas  (concretamente en obras de Dalí como El gran masturbador).

Para completar: La pintura del Bosco es una pintura fantástica, de monstruos impasibles y figuras locas que al final nos presentan un mundo al revés. El mismo mundo que nos retrata Erasmo en su elogio de la locura, que lo mismo que la obra del Bosco, pretende criticar irónicamente a la Humanidad exagerando con extravagancia sus debilidades.
Así los locos del Bosco (la nave de los locos. Louvre. 1510-1515) son los mismos que Erasmo considera como los únicos libres y felices. Se trata de invertir los términos exaltando la sinrazón como mejor crítica a la razón, tantas veces nociva para el Hombre. En última instancia se trata de sacra a la luz el lado oculto del hombre, lo que tiene de animal y de irracional para contraponerlo a su cordura, a veces tan nefasta.
Por eso toda la obra del Bosco resulta tan original y por ello en seguida fue descubierto y valorado como elemento de estudio del psicoanálisis del Escuela de Viena. Y por esa misma razón fue también reconocido como antecedente de la pintura surrealista, fundada en los mismos componentes temáticos que la pintura del Bosco, la plasmación del yo oculto, del yo irracional. Aquellos a través del subconsciente, El Bosco a través del Yo animal.
Esto hace muy difíciles de interpretar las obras de este autor, que en muchas ocasiones cuenta con varios estudios contradictorios sobre un mismo cuadro. Así ocurre con el Jardín de las Delicias.
Para algunos autores como Fraenger, el jardín refleja las doctrinas de una secta adamita a la que según el autor El Bosco pertenecía, y que consideraban la libertad sexual como una vía para la salvación de las almas. De ahí se deduciría un contenido hedonista en el cuadro.
Otros por el contrario no conciben la pintura del Bosco como herética, y consideran la obra como una sátira de los pecados y desvaríos de los seres humanos que convierten a éstos en bestias, lo que explicaría a su vez la rica simbología de la obra, y enlazaría con la valoración general que se ha hecho al principio de la obra del pintor.
El jardín de estructura como un tríptico:
-          En la tabla derecha (izquierda del espectador) se representa la Creación. Más concretamente, el momento de la Creación de Eva por el Padre, ante un Adán contemplativo. En el centro aparece una fantástica fuente presidida por una lechuza. La fuente algunos  la han interpretado como la Fuente de la Vida, pero en este caso con un sentido maléfico, el de una vida nacida con el pecado, lo que permite ponerla en relación también con el árbol de la ciencia del bien y del mal, testimonio del pecado original. En este sentido resultaría significativa la imagen de l lechuza, símbolo de l sabiduría en la Antigüedad, pero del mal en la Edad Media. Contribuyen a esta misma idea los animales presentes en el lago que rodea la fuente, habitado por patos y necios, cisnes orgullosos y sabandijas. El mismo sentido tendrían también los animales que en la parte inferior comienzan a devorarse entre sí, o aquellos otros mitad pez, mitad pato, tocados con caperuzas de frailes y que simbolizarían la estupidez de gran parte del clero. A la izquierda el toro salvaje (símbolo de la pasión. Acecha al unicornio blanco (símbolo de la castidad), y del elefante blanco, (símbolo de la inocencia) es montado en sus lomos por un mono, símbolo de la lujuria.
-          Si  la tabla izquierda representa la Creación, la tabla central representa el mundo. Un mundo de vicios y placeres al que los hombres y mujeres se dedican en una composición abigarrada de patente horror vacui. La representación sigue siendo simbólica y así los mencionados placeres se representan por medio de frutas, como fresas, cerezas, moras, frambuesas, que aluden a lo efímero del placer sexual. Algunas figuras aparecen inmersas en pompas o esferas de vidrio, eludiendo también a la eventualidad del deleite, según confirma el refranero popular: “el placer es como el vidrio, cuanto mayor es antes se rompe”. También aparecen hermafroditas y ratones, símbolos estos últimos de la envidia, sobre todo de aquellos que observan los placeres de los demás. En conjunto por tanto un mundo abarrotado de seres en su mayoría infelices o atrapados en la ansiedad de una vida orientada exclusivamente al goce, y más concretamente al goce carnal.
-          La tabla de la izquierda (derecha del espectador) representa el infierno. Está presidido por una figura en forma de huevo roto en el que se adivina el autorretrato del autor y ve  coronada su cabeza por una gaita, símbolo de la inversión sexual. Todo ello vendría a ilustrar en el propio ejemplo de su autor, el castigo que conlleva el exceso en el placer carnal representado en la tabla anterior. Rodeando a esta figura aparecen muchas otras. Destacaríamos por su contenido sarcástico los clérigos con pico de ave por ser malos predicadores, y los que sufren el castigo terrible de verse aprisionados entre instrumentos musicales, alusión según Fraenger  a la lucha por alcanzar la armonía universal. Tampoco se salvan de los castigos eternos las monjas que comercian con reliquias, convertidas aquí en cerdos. Al fondo y en la parte superior se desarrolla un espectáculo espectral y luminosos con edificios en llamas en medio de la tiniebla.
En conjunto la obra resume la esencia de la pintura del Bosco. Una pintura de enorme complejidad simbólica, y que lejos de pretender mostrar el triunfo del placer, utiliza irónicamente la imagen de un mosaico hedonista para criticar los desmanes de la Humanidad. De hecho las tablas cierran un círculo temático coherente, pues nos vienen a decir que lo que empezó mal para el Hombre desde el mismo momento de la creación por culpa del pecado original, deriva en un mundo vacío en infeliz basado en los placeres materiales, y no puede acabar más que con los padecimientos del Castigo Eterno.
Una pintura por tanto la del Bosco nada herética, todo lo contrario, ejemplarizante, que enriquece con su prolijo simbolismo, su detallismo preciosista y eso sí, un humor constante que deriva muchas veces en la caricatura.







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