Aparte de en Sevilla trabaja en Madrid, ya que gracias a la
protección del Conde Duque de Olivares es llamado para decorar el Salón de Reinos del palacio del Buen
Retiro. Pinta varios cuadros no muy conseguidos y vuelve a Andalucía.
Sus principales clientes fueron conventos. Se le considera pintor
de monjes.
De composiciones sencillas sin dramatismos, sin diagonales
ni escorzos. Equilibra masas y vacíos reduciendo las formas a su esencia
geométrica: cilindros, esferas, conos...
Realiza también bodegones que se disponen de manera ordenada, con limpios
perfiles y plasmando los valores táctiles. A destacar su Santa
Casilda en el museo del Prado.
San Hugo en el refectorio de los cartujos.
ZURBARÁN (1633)
Óleo sobre lienzo
1,02 x 1,68 m
Sevilla. Museo
Bellas Artes
Fue realizado para la cartuja de las Cuevas en Sevilla.
Es
la representación del refectorio con los monjes detrás de la mesa y en la pared
del fondo, un cuadro.
En
la mesa hay jarras, escudillas, de cerámica, pan…un auténtico bodegón.
La escena refleja un milagro acontecido a San Bruno,
fundador de los cartujos, y a los
primeros monjes de la
Orden, quienes comían gracias a la generosidad de San Hugo,
obispo de Grenoble. Un domingo les envió carne, alimento al que no estaban
acostumbrados, lo que provocó una discusión sobre la conveniencia de practicar
la abstinencia. Mientras discutían quedaron sumidos en un profundo sueño que
duró toda la Cuaresma. El
miércoles Santo, San Hugo, que había estado ausente, fue a verlos y los
sorprendió despertándose, comprobando que no tenían noción del tiempo
transcurrido. Entonces miró a los platos y vio que la carne se convertía en
ceniza, interpretándolo como aprobación divina de la abstinencia. El cuadro del fondo corrobora el mensaje, La Virgen con el Niño y a la
derecha San Juan, símbolo de austeridad y penitencia.
Aparecen en la imagen las famosas cerámicas blancas y
azules de Talavera, con los escudos del obispo y la Orden.
La composición es sencilla, un
tanto rígida con perspectiva forzada: es una caja que se rompe por la derecha
con una puerta.
Las figuras de los frailes
destacan sus valores escultóricos al
recortarse nítidamente sobre el fondo.
Los colores en la gama de grises,
ocres y sobre todo los blancos de
los hábitos, color en el cual se
dice que llega a manejar hasta 100 tonos diferentes. Los
pliegues geometrizados reflejan, bien el grosor, o finura de los paños, en caso
de San Hugo. La luz, que viene de un lado, modela las figuras.
Los rostros de los monjes
son retratos, están individualizados
El conjunto resulta quieto y
misterioso a la vez, capta el misticismo monástico, la sobriedad y la
austeridad de los conventos.
Bodegón
ZURBARÁN s XVII
Lienzo 46x84 cm
Museo del Prado.
Se llaman
"Bodegones" los cuadros que representan objetos de la realidad
inmediata que acompañan la vida de las gentes, piezas de pequeña importancia a
las que el pintor dedica tanta atención e interés como a los grandes temas de
la pintura. Aunque el bodegón o naturaleza muerta ya existía en el mundo
clásico (muestras en Pompeya), es a partir del s XVI cuando se extiende. Estos
temas fueron muy queridos por los pintores del Barroco, en muchos casos los
utilizaban como práctica para poder captar las texturas de los diferentes
objetos expuestos a la luz, realismo tan de moda en el barroco. También siendo
en general cuadros de pequeño formato se ponen de moda par adornar pequeñas
salas de la vida doméstica. Este tipo de pintura tenía menos prestigio que la
pintura de figuras.
Zurbarán ofrece en el Bodegón la más absoluta sencillez y
la veracidad más asombrosa.
Una copa de bronce sobre una bandeja plateada, una vasija
de barro blanco y una de barro rojo, y una cantarilla también blanca sobre
bandeja de plata, se ofrecen sencillamente alineadas sobre una tabla
La organización y disposición de los "cacharros"
representados no puede ser más simple. Los cuatro Cacharros en un mismo plano,
la balda, tratados como elementos autónomos, sin relación. Incluso la luz que
da al vaso de bronce parece que viene de dirección diferente.
El foco de luz recorta las figuras sobre un fondo oscuro,
con la típica técnica tenebrista barroca.Y es también con los efectos de luz
sobre el metal y el barro como representa las diferentes texturas y esos
volúmenes tan reales y limpios.
En conjunto sensación de austeridad, orden, serenidad y
limpieza.
Durante mucho tiempo fue
interpretado como San Bartolomé, pero no lleva su atributo / el cuchillo con
que fue desollado), en cambio San Felipe no fue crucificado en la cruz sino
atado a ella. Pudo ser un encargo del rey Felipe IV.
Representa
el martirio de San Felipe, apóstol que
predicó en la ciudad de Gerápolis, Asia Menor, y fue crucificado.
Al
igual que Caravaggio en su Crucifixión de
San Pedro Ribera representa a San
Felipe como un hombre cualquiera, relativamente joven, con la angustia y a la
vez la resignación mística ante la tortura que le espera, escrita en el rostro
y un cuerpo con pormenorizado estudio
anatómico.
Los esbirros que le levantan están
concentrados en su actividad. Los espectadores, unos con indiferente curiosidad
y cierto clasicismo a la izquierda, a la
derecha un soldado cansado, apoyada la cara sobre su mano mira a los que trabajan. Gran naturalismo en
general.
El
santo colocado en diagonal atado al palo que con el tronco vertical que recorre
el lienzo, forma una cruz. Es el centro de la composición y la figura con más
luz., contrastada con la oscuridad de los verdugos. En la parte de abajo, en
contraste tenebrista En cambio el fondo no está en penumbra como la crucifixión
de Caravaggio u otras composiciones tenebristas del propio Ribera, sino que es
un cielo con nubes.
Igual que Caravaggio lo hacía en
muchas de sus composiciones, Ribera introduce
un rojo fuerte, en este caso en el esbirro agachado, que aumenta el
dramatismo.
El
martirio está ocurriendo en un primer plano, en un lugar alto con espacio
reducido. El volumen además de con el modelado lo marca con escorzos
pronunciados como con la figura de rojo y la pierna de la figura con el pañuelo
en la cabeza.
Ribera en este caso, como todos los pintores
españoles, se puso al servicio de las ideas de Trento.
El patizambo.
RIBERA S XVII (1642)
Óleo sobre
lienzo, 1,64 x 92 cm.
Louvre.
Posiblemente se realizó para Don
Ramiro Felipe de Guzmán, virrey de Nápoles. Antes de estar en el Louvre era de
un médico parisino.
Es la figura de un niño mendigo
(en la mano izquierda lleva una hoja con la inscripción: Dame una limosna por amor de Dios”) y tullido: los pies deformados,
un brazo, el que recoge el hato, contrahecho, con el otro sujeta la muleta
echada en el hombro. A pesar de estas deformidades, el niño con orgullo nos
sonríe, con dientes deformados y enseñando las encías. Sus ojos tampoco denotan
la inocencia de la infancia. Es un rostro envejecido.
Como buen barroco, Ribera pinta
contrahechos y anomalías físicas (otro caso es la mujer barbuda), como hace
también Velásquez.
La composición es simple, el
niño y el paisaje con tonos ocres monocromos, tan del gusto español de
entonces, se recortan sobre un fondo de
cielo azul con nubes, que hace que la figura sea más monumental o quizá más
solitaria, también al estar más alto que
el espectador.
Ribera, aparte de la moda de
representar gente con deformidades, está dando un mensaje religioso, la
obligación de la caridad cristiana y de las buenas obras para conseguir la
salvación (lo que negaban los protestantes). También el mendigo, con esa
sonrisa orgullosa, y su cartel pidiendo limosna, tiene muy asumido su derecho a
recibir la limosna.
segunda generación de la escuela
sevillana. Su vida transcurre en esta ciudad. Sólo un breve viaje a Madrid...
Sus clientes más importantes fueron conventos, iglesias, cofradías. Su
iconografía religiosa de Vírgenes, sagradas familias, santos, niños,
está tomada de la vida cotidiana, pero los dota de una gran dulzura, muy acorde
con los gustos. Utiliza un lenguaje grato y sencillo
que comunica por su simpatía. Quizá esto hizo que su obra tuviera tanta
difusión, lo que hizo devaluar su obra.
Compone
como un clásico, muchas composiciones en triángulo y equilibrio de masas. Con
colores armoniosos, empleando muchos fondos
cálidos.
Como
dato curioso, tiene dos composiciones representando a Santo Tomás de Villanueva,
como niño que da su ropa a otros niños pobres y como Obispo, dando también
limosna. Otros temas no religiosos, y de una gran belleza: Dos mujeres en la ventana, o Muchacho
bebiendo.
Comienza su formación en el
taller de Francisco Pacheco en
Sevilla, casándose con su hija en 1618. Un año antes había superado el examen
que le capacitaba para ejercer la profesión y montar un taller.
Su vida es sencilla. Gracias al
conde duque de Olivares, sevillano, se
coloca en la Corte
y en 1623 a los 24 años es ya
pintor del rey Felipe IV... (de esta primera etapa , ya al servicio del rey, es
el triunfo de Baco)
El resto de su vida es
cotidianidad, salvo su contacto con Rubens que está en Madrid ocho meses (1628, cuando retoca su Adoración
de los Reyes Magos) y sus dos viajes a Italia. El primer viaje, cuando
tiene treinta años, fue recibido en Roma con honores, se alojó en Villa
Médicis. Durante ese viaje pintará uno
de los pocos cuadros mitológicos. La
fragua de Vulcano.
Tras volver a Madrid, su trabajo
artístico corre paralelo a su carrera como servidor del rey. Entre 1631 a 1649 decora el Salón
de Reinos y realiza varios retratos (Cuadro de las Lanzas; retrato del Conde Duque de Olivares; el niño
de Vallecas. También de esta etapa, sus cuadros de temas religiosos, temas
que no le gustaban al pintor. A destacar su magnifico Cristo.). En muchas ocasiones su excesivo trabajo en la casa real
no le dejaba tiempo para pintar. También era un hombre tranquilo, flemático. Ocupó
diferentes cargos. Ayuda de cámara, contador, aposentador (por ejemplo era
competencia suya la distribución entre los miembros de la corte de los balcones
en la Plaza Mayor
cuando había un acontecimiento; supervisar la limpieza del Alcázar, controlar
su provisión de combustible; ocuparse de asuntos de intendencia, alojamiento y
etiqueta cuando el rey se desplazaba fuera de la corte). Velázquez, como tantos
otros, deseaba ennoblecerse o por lo menos conseguir la condición de caballero.
En su segundo viaje a Italia (
1649-1651), encargado por el rey para comprar obras de arte, pinta entonces el Retrato del papaInocencio X, La Venus del
espejo y La villa Médicis) .
En
1651, vuelto de Italia, se reintegra a la cotidianidad, simultaneando las
obligaciones de su cargo y la realización de retratos para la familia real. A
la Infanta Margarita se la ve crecer en sus lienzos y al rey, que había posado
para él tantas veces, se le ve hundirse en melancólicas reflexiones. Sus
últimas obras serán Las Meninas y temas mitológicos como Las Hilanderas
Dos
años después de pintar Las Meninas,
en 1658, tras un prolongado proceso judicial, consigue lo que tanto había
deseado, ser nombrado caballero de la Orden de Santiago. Muere tras breve
enfermedad en 1660.
Nunca fue un pintor
especializado en un género. Además de los encargos de la corte, sobre todo
retratos, amplió su repertorio hasta tal punto que, exceptuando la pintura
mural y de techos, que en la España barroca apenas tienen importancia, no
existe en su obra ningún género sin tratar, incluso el desnudo femenino (La Venus del espejo), un tema raro en
España, temas de historia sacra, mitológicos, grandes alegorías de la pintura
como la que integró en las hilanderas
y en las meninas.
Su pintura evolucionas desde el
naturalismo tenebrista con cuidada pincelada a una pintura con colore claros,
pincelada suelta y larga casi como inacabada
lo que tanto apreciarán en él los impresionistas. Cuando pintaba, ya en
los lienzos de grandes dimensiones, no hacía ningún dibujo o boceto previo. Fundamentalmente trabajará con
el color y con un talento extraordinario
para la composición. La modernidad de Velázquez será reconocida por los
impresionistas en el s. XIX, Manet le llamará el pintor de pintor.
Vida y evolución de Velázquez (artehistoria)
Las Meninas
Las Hilanderas
Las Lanzas
La fragua de Vulcano
Vieja friendo huevos.1618
VELAZQUEZ
Óleo sobre lienzo
99 x 169 cm.
Nacional Gallery (Edimburgo)
Realizado en Sevilla siendo muy joven, antes de su viaje a
Madrid. Comienza su actividad pictórica
pintando bodegones. Ante las críticas de algunos pintores
contemporáneos responde Pacheco “¿Los
bodegones no se deben estimar? Claro está que sí, si son pintados como mi
yerno los pinta”. Pacheco sobre todo se refiere a que su yerno realizaba
perfectas imitaciones del natural como podemos ver aquí.
La técnica es óleo con pincelada muy
cuidada y pequeña, apenas perceptible, poco suelta en comparación con su
técnica casi impresionista de años posteriores. El dibujo es firme.
El asunto tratado por el maestro supone una absoluta novedad, ya
que hasta ahora nadie se había atrevido a representar en la pintura española
escenas tan aparentemente triviales como ésta. En primer plano vemos a una mujer
madura cocinando unos huevos en un anafe, hornillo de barro cocido, junto a
un muchacho que porta un melón y una frasca de vino. Ambas figuras se recortan
sobre un fondo oscuro donde sólo está iluminado un capazo colgado y a la
derecha unos candiles, con ambos objetos sugiere el espacio del lugar donde
se desarrolla la escena.
Los objetos propios del bodegón, están representados con un gran
realismo: el barro con esmalte y sin él, los huevos que se fríen
lentamente, el cobre, la cebolla roja,
la paja del capazo. Para que el espectador pueda contemplar con más facilidad
estos elementos, el maestro nos levanta el plano de la mesa y el hornillo de
barro, empleando de esta manera una doble perspectiva.
La escena está equilibrada, sobre todo
con la distribución de las partes iluminadas y las de penumbra. A esta
sensación de equilibrio contribuye esa seriedad tan digna que Velásquez
infunde a los rostros de sus retratados y hasta dignidad en cómo realizan sus
tareas, con gestos reposados... Se piensa que la mujer podría ser el retrato de su suegra, María
del Páramo, mientras que el muchacho sería un ayudante de su taller,
posiblemente Diego Melgar, que le sirvió varias veces de modelo.
Los colores predominantes son los terrosos como en otras obras
de esta época ( El aguador de Sevilla),
donde resaltan los blancos de pequeñas partes , la jarra, la escudilla, los huevos
y en este caso también el velo tan magistralmente trabajado
Etiquetando a esta obra podríamos decir que está dentro del
naturalismo tenebrista. Pero el naturalismo de Velázquez siempre rezuma
dignidad...
Siendo
ya pintor de la Corte, y antes de su primer viaje a Italia, realiza este cuadro,
posiblemente para Felipe IV, entre 1628-1629.Abandona los tonos terrosos de su
época sevillana para pintar su primer cuadro de temas mitológicos, un triunfo
de Baco en el que se celebra al dios griego capaza de liberar al hombre, aunque
fuera temporalmente, de sus problemas. Pero lo hace desde una perspectiva poco
habitual El
asunto ha sido tratado como una escena realista y popular, del mismo modo que
si estuviésemos ante una merienda de amigos en el campo; por esto el título
original ha sido sustituido popularmente por "Los Borrachos". Se ha
supuesto que el tema mitológico y el aire divertido de la obra fueron sugeridos
por Rubens,
en aquellos momentos en Madrid. Convierte un cuadro mitológico en una pintura
de género., contraviniendo las normas del clasicismo. Lo mismo hará con la Fragua de Vulcano La
escena puede dividirse en dos mitades: la izquierda, con la figura de Baco muy
iluminada, mirando hacia la luz, cercana
al estilo italiano inspirado por los bacos que pinta Caravaggio
joven, y la derecha, con los borrachos, hombres de la calle, cada uno con un carácter,
que nos invitan (sobre todo los que miran al espectador) a participar en su
fiesta. PARA COMPLETAR: Realizada en
1628, es una de las composiciones donde por primera vez crea una pintura
madura, de gran complejidad, fundiendo el tema mitológico con la pintura de
género. La pincelada se va haciendo más suelta y surge un atisbo de perspectiva
aérea en el casi imperceptible horizonte; por el contrario, todavía persisten
vestigios del bodegón en el primer plano. En
el asunto, aparece el dios Baco, con un acompañante, coronando a un bebedor,
como reconocimiento a sus méritos, siendo por ello considerado dentro de la
pintura satírica. Pero Velázquez supera este primer enfoque al convertir el
cuadro en un cúmulo de cualidades contrapuestas: los personajes divinos y los humanos,
las anatomías desnudas y las vestidas, la juventud y la vejez, la belleza
idealizada y el retrato de tipos populares; según todo esto construye una obra
basada en los contrastes, siguiendo la
propia tónica barroca.
La rendición de Breda. (Las Lanzas),
1634/35.
VELAZQUEZ
Óleo sobre lienzo, 3,07 x 3,7 m
El Prado.
Después de su primer viaje a Italia, ya en
Madrid realizará su excepcional Crucificado, inspirado en el esculpido por
Montañés, amigo a quien también retrata
por esta misma época
Es ahora cuando, aparte de
realizar varios retratos de la familia real, inicia la decoración del Salón de
Reinos del Palacio del Buen Retiro, para el que idea Las Lanzas, el retrato de
Felipe IV y el del Príncipe Baltasar
Carlos. El palacio del Buen Retiro, para recreo del rey Felipe IV, se
edifica rápidamente, en tres años. El Salón de Reinos era donde el rey presidía
las fiestas y ceremonias, conocido así porque en el techo se encontraban
representados los escudos de los veinticuatro reinos de la monarquía hispánica.
Todavía no han llegado los tan cercanos reveses militares que acabarán con la
integridad territorial de la monarquía. Con esta decoración, encargada a
Velazquez y otros pintores, se trataba de autocelebrar a la todavía poderosa
monarquía
En la Rendición de Breda
divide el espacio en dos planos, el más cercano donde se desarrolla el argumento,
también marcado por el escorzo del caballo, y el segundo plano con paisaje de
la ciudad de Breda. Los dos capitanes,-Justino,
el gobernador holandés vencido, entregando las llaves de la fortaleza al
español Spínola- son los protagonistas, porque detrás de ellos se abre la vista
al segundo plano; mientras que esta vista a derecha e izquierda queda tapada
por las tropas de uno y otro, que aparecen como si fueran extras de una escena.
Y sin embargo Velázquez no los representa como soldadesca anónima. En el grupo
de los vencedores españoles, con las famosas lanzas alzadas, se pueden
reconocer tantos gestos de extenuación como en la tropa resignada de los
holandeses vencidos.
Breda era la ciudad mejor
fortificada de los Países Bajos. Justino de Nassau la había dotado con los
mejores sistemas defensivos y la plaza se consideraba inexpugnable. Tras diez
meses de asedio en un duro invierno, cayó en manos de los españoles. El éxito
militar español, aunque por poco tiempo, impresionó a los contemporáneos.
También impresionó la magnanimidad que
Ambrosio de Spínola demostró con los vencidos. Y así mismo, la clemencia
es el punto central de este cuadro. Spínola desciende del caballo para recibir
la llave (resaltada con la luz del fondo y el juego de brazos) y poniendo la
mano en el hombro de Justino le ahorra la humillación de ponerse de rodillas.
PARA COMPLETAR:
Su obra maestra para el palacio
del buen retiro fue este cuadro inspirado en la rendición de Breda (1625). Se
trata de una pintura de Historia con la que supera al resto de los pintores
decoradores del salón, incluido Zurbarán. En el lienzo es importante subrayar
tres aspectos: la técnica, la concepción espacial y el asunto. En cuanto a la
técnica, sabe extraer todas las posibilidades al óleo, trabajándolo con una
pincelada cada vez más suelta que le permite una perfecta captación de las
calidades de los objetos y de la nebulosa apariencia de paisaje. En el espacio,
es una de las mejores obras de toda la Historia de la Pintura, representando
una gradación progresiva del terreno, desde el primer término, donde se
disponen los personajes, hasta la brumosa lejanía donde la vista se pierde,
pasando por diferentes planos intermedios. Aquí se llega a la máxima expresión
de lo que se entiende por perspectiva aérea al “pintar la atmósfera” que se
interpone entre la escena principal y el fondo, fundiendo con extraordinaria
maestría los humos provenientes de las destrucciones con el azulado cielo.
Aunque la pintura trata
aparentemente el fin de las hostilidades de Breda, Velázquez sobrepasa la mera
anécdota histórica para hacer una exaltación moral del tratamiento del vencido,
para la que se inspira en una comedia de Calderón, utilizando la alegoría de la
Concordia, que se materializa en el abrazo entre Ambrosio de Espínola y
Justino. Persigue el autor, en suma, honrar al vencido, pues la elevación de su
dignidad dará más fama al vencedor. Y así es que no existe diferencia entre los
personajes entre uno y otro bando, y el grupo vencedor tan sólo difiere por su
colocación a la derecha y por la mayor altura de sus lanzas.
Conde duque de Olivares.1634
VELAZQUEZ
Óleo sobre lienzo.
3,13 x 2,39 m
Madrid. El Prado
Como viene siendo habitual, Velázquez ni firma ni fecha
sus obras, aunque en la zona inferior izquierda veamos un papel en blanco
utilizado habitualmente para firmar. Podría ser que el maestro lo dejara así
porque era consciente de que no había otro artista en España que pudiera
realizar este excelente retrato del todopoderoso Conde-Duque de Olivares.
El conde –duque de Olivares, protector de Velásquez, es
primer ministro de Felipe IV, con inmensos poderes. Caería en desgracia en 1643
tras fracasar en su proyecto de política centralizadora. No arrastró a su
protegido que ya había conseguido la admiración y confianza del soberano.
El retrato ecuestre es realizado en la cima de su poder y
se encuentra entre los más expresivos de Velázquez. Este poder se expresa representando al conde a caballo, y en
corbeta, normalmente reservado a los
jefes de estado. Olivares, célebre por su
habilidad como jinete, aparece con sombreo de plumas, bastón de mando, la coraza ornamentada en oro y banda carmesí.
La figura del poderoso caballo en postura
escorzada, muy empleada en el Barroco , está colocada de manera oblicua al lienzo, ocupando
casi toda la extensión del mismo: Con la cabeza vuelta de lado, el conde dirige
la mirada al espectador de arriba abajo. La cabeza del caballo, siguiendo la
diagonal se dirige a la amplia llanura. En ella se representa una batalla, se
ve tumulto, jinetes y humo. No se sabe si representa una batalla en concreto o más
bien pretende ser una exaltación de las dotes militares del retratado
El
estilo de Velázquez es bastante suelto, a base de rápidas manchas de color y de
luz, sobre todo en la banda y en el paisaje.
El niño de Vallecas.1642
VELAZQUEZ
Óleo sobre lienzo. 107 x 8 cm.
El Prado
Antes de su segundo viaje a Italia (1649-1651) pinta también toda una serie de “hombres de
placer”: enanos y bufones, gentes sencillas, que viven en la corte, cuyos
defectos y deformidades hacen resaltar la belleza y la riqueza de los más afortunados.
Velázquez, hombre también de la corte, no insiste en sus deformidades sino que
busca aprehender su espíritu.
Francisco Lezcano
fue bufón del Príncipe Baltasar Carlos y del funcionario de palacio Encinillas.
El enano, vestido todo de verde terroso, está en un abrigo
rocoso, al fondo se ve sierra.
A destacar el escorzo del pie, con deformidad (lleva doble
suela.)
Cabeza, mansamente inexpresiva, inclinada hacia el sol.
Entre las manos gordezuelas parece una baraja (hay
distintas opiniones)
En 1964, el doctor Moragas diagnosticó que el personaje
sufría de “cretinismo con oligofrenia y
las habituales características de ánimo chistoso y fidelidad perruna”. “En la
cara hay una expresión de satisfacción, favorecida por el entornamiento de los
párpados y la boca entreabierta, que parece
acompañarse de inicio de una sonrisa”.
Composición sencilla y equilibrada.
Recuerda los colores terrosos de la primera etapa, pero la
pincelada es rápida y se deja ver, sobre todo en el paisaje.
Villa Médicis. Hacia 1650
VELAZQUEZ
Óleos sobre
lienzo, 48 x 42 cm.
El Prado
Parece ser que aquí estuvo hospedado en su
primer viaje a Roma que lo hace, previo permiso del rey, para completar su formación, cuando tenía unos
30 años. Pero es en su segundo viaje a Roma , con más de 50 años, enviado ahora
por el rey para comprar obras para la
colección de la corona, cuando nostálgico
de sus años mozos, lo pintará. Otras teorías dicen que lo pintó en su primer
viaje.
El
tema de este pequeño lienzo es la arquitectura renacentista clásica, (estructura
creada por Brunelleschi en la capilla de los Pazzi en Florencia) cuyos arcos
están tapados con unas tablas y los
altos cipreses. Abajo tres figuras
parecen estar relajadas y pendientes de otra que sobre un paño blanco se apoya
en la balaustrada.
Parece un atardecer, ved la
sombra de la estatua en la hornacina de la derecha.
Gran
sentido de la composición, centrada por el arco. La pincelada rápida. Estas
características: La pintura al aire libre, intentando captar la luz del momento
y su incidencia en las formas, así como el tipo de pincelada, es considerada
como un adelanto de la pintura de los impresionistas del XIX.
Aparte de esta vista del jardín,
hay otra de esta misma villa. (El pabellón de Ariadna) igualmente un
pequeño lienzo, pintado con la misma
técnica, pero con una luz de mañana que invade y hace vibrar toda la escena.
Durante la segunda estancia en Italia, dos años y medio,
uno entero vivió en Roma (realiza entonces el retrato del papa Inocencio X , este cuando lo vio dijo
“tropo vero”, le quiso regalar una medalla de oro como pago, Velazquez no la aceptó so pretexto de que el cuadro lo
había pintado como un servicio a su rey. También muestra de orgullo de artista Parece ser que en este tiempo Velázquez tuvo
un romance con la pintora Flaminia Triva, quizá la modelo de la Venus del espejo.
Las Meninas, 1656
VELAZQUEZ
Óleo sobre lienzo, 3,12 x 2,76 m
El Prado
Regresa a Madrid en 1651. Sus
últimas obras son Las Meninas y Las Hilanderas.
Esta obra es conocida
unánimemente como la obra maestra de Velásquez. En 1666 los inventarios la
citan como El cuadro de Familia. Su
denominación actual es del XIX.
Retrato de la monarquía de una
forma extremadamente inusual.
Compleja composición. En el
centro y de pie la infanta Margarita, en ese momento, tras la muerte del
príncipe Baltasar Carlos, la sucesora al trono , rodeada de sus doncellas de
honor o meninas; a la derecha la enana Mari Bárbola y Nicolasito Pertusato
hostigando al mastín. A pesar de ser la más pequeña, la infanta es la
claramente la figura central: mientras una doncella arrodillada (Agustina Sarmiento) le ofrece un jarro, la
otra (Isabel de Velasco) se inclina
levemente hacia adelante, de modo que Margarita, realzada por el
guardainfantes, aparece como el eje en torno al que gira todo. A la izquierda
el mismo Velázquez oscuro y silencioso, se autorretrata ejerciendo su oficio,
delante de un gran lienzo en el que ¿está pintando a los Reyes – Mariana y
Felipe IV- que vemos reflejados en el
espejo mientras la infanta y sus meninas los miran mientras posan? o con los reyes de testigos ¿ está pintando a
las meninas, y se representa también a sí mismo en el proceso creativo? .
Confusión, juego con la verdad y la apariencia, son características del barroco
español.
Representación del espacio, de
esa sala del alcázar de Madrid, incendiado pocos años después, en cuyas paredes
penden cuadros de la colección real. Las figuras que están en un segundo y
tercer plano pierden los contornos por efecto del espacio que las separa de las
del primer plano, por lo que sin apoyo de líneas de fuga, mediante la
perspectiva aérea, representa el espacio, Que va más allá de la habitación
abierta con esa puerta castellana de cuarterones por la que sale el mayordomo don José Nieto.
Los lienzos que aparecen en el fondo son
mitológicos, de triunfo de los dioses sobre los mortales, del origen divino de
las artes. Esto y el hecho de que Velázquez se autorretrate pintando, junto a
la familia real, nos habla del deseo del pintor de ennoblecer el arte de la
pintura y a sí mismo. Por fin será nombrado caballero en 1658, aunque, ante la
“ falta de probada nobleza” hizo falta la intervención personal de Felipe IV y
una dispensa papal – el retrato de
Inocencio X hizo parte del milagro
Pincelada rápida, apenas
esbozada, casi con técnica
impresionista, captando la luz en sus
reflejos (mirar pelo y detalles de vestidos) .Colores sobrios y armoniosos con
el toque de blanco en el centro de la
composición (la infanta Margarita). Se ven en la paleta que lleva el pintor en
la mano.
Impresionará a Goya que se sirve
de él para hacer también retratos de la familia real de Carlos IV. Picaso realiza varias telas interpretando a las meninas. Actualmente interpretaciones escultóricas y
en grabado de Manolo Valdés
Las hilanderas (1657)
VELAZQUEZ
Óleo sobre
lienzo. 2,2 x 2,89 m Museo del Prado.
Pintado no para el
Alcazar sino para un coleccionista particular
Es su última gran obra. Funde el tema mitológico con la escena
de género en un todo armónico
El profesor Diego Angulo en 1848, basándose en que en el inventario de 1664 se hable de este cuadro como de la Fábula de Aracne, es la primera vez que
relaciona las Hilanderas con el mito
de Aracne. Cuenta que la historia de las hilanderas es la de la venganza de
Palas sobre una joven que tuvo la osadía de creerse capaza de tejer como la
propia diosa, desafiándola en un arte
del que ella misma había sido la inventora
“Palas Atenea disfrazada de anciana compite con Aracne,
famosa tejedora, en la confección de un tapiz. En el segundo plano, Atenea, en
su apariencia divina (con casco) reprende a Aracne por su osadía, competir con
la diosa y haber representado la
flaqueza de los dioses (el tapiz, obra digna de los dioses, representa el rapto
de la ninfa Europa por Zeus en forma de toro). Las mujeres que presencian la
escena son las que, según Ovidio, solían acudir a contemplar el trabajo de Aracne
y la viola es la música tradicional
antídoto para las picaduras de araña, animal en que Aracne
es convertida, condenada a tejer incesantemente su tela”.
Tolnay hace la siguiente interpretación:
considera a la tejedoras del primer plano, símbolo de la artesanía, mientras
que en el segundo,” iluminado por la luz
del entendimiento”, representa a Minerva rodeada por la pintura (Aracne), la
música (dama junto a la viola), la arquitectura y la es cultura (las otras dos
damas). El cuadro sería una apología de las bellas artes y de su superioridad
sobre las artes manuales.
Técnica: pincelada rápida,
dibujando con las propias manchas de color que unidas entre sí, como se ve en la mujer de falda roja, forman las figuras.
Perspectiva aérea, tanto en la
primera sala como en la iluminada del fondo, donde apenas aparecen esbozos de
las figuras
Composición totalmente
equilibrada, tanto con la disposición de los colores como con la escena del
fondo enmarcada como si fuera un escenario.
En Granada, se consolida durante el s. XVII una escuela de
escultura que se caracteriza por su pequeño tamaño, tallas delicadas y
exquisitas pensadas para espacios íntimos en oratorios privados o en capillas
de conventos.
Alonso Cano,
también arquitecto y pintor, es uno de los representantes de esta escuela. Sus
estancias en Sevilla donde entra en contacto con Montañés, y en Madrid, terminan por conformar su estilo:
naturalista, sereno y en búsqueda permanente de la belleza ideal. Sus
esculturas rebosan gracia y un cuidado exquisito en la talla a través del
plegado menudo
Otras
obras la Virgen de la Oliva que realiza para un retablo de su padre que
era constructor de retablos y de quien
aprendió el oficio.
Alonso Cano, al igual que Montañés, logra combinar en sus obras
las pervivencias clasicistas con los nuevos postulados barrocos, creando a
partir de ellos un nuevo ideal estético de amplia repercusión en la producción
escultórica sevillana y granadina. Este modelo, basado en la depuración formal,
la delicadeza y la contención expresiva, se materializa en esculturas de
silueta esbelta y cuidada anatomía, bellos rostros ovales, de ojos rasgados y
mirada ensimismada y melancólica, que, tras su aparente reposo externo, parecen
encerrar un profundo y apasionado mundo interior , por Ej. San Juan Bautista adolescente.
Esta Inmaculada
de pequeño tamaño se pensó para
colocarla sobre el facistol, el atril central de gran tamaño que se disponía en
el centro del coro, así, la obra, podía
ser contemplada desde todos los puntos de vista. Gustó tanto que se guardó como objeto precioso.
Se apoya sobre la habitual
nube de querubines. Representa a la Virgen en el paso de la niñez a la
pubertad, con rostro dulce, concentrado en su alta misión. El trabajo de las manos se hace con finura y delicadeza
en el estudio anatómico. Se envuelve en sus vestiduras como de nubes, tal si de
una visión celestial se tratara
La policromía es muy cuidada que se explica en un
escultor que conoce bien las técnicas pictóricas, blanco y azul tal como se
establecía que debía representarse la Inmaculada Concepción,
(La Virgen
nació sin pecado original) creencia desde los primeros padres de la Iglesia y en la que
insiste la Iglesia
de la Contrarreforma
aunque no se aprobará como dogma de fe
hasta el 8 de diciembre de 1854. En
Granada, Cano se convertirá en el modelo de las jóvenes generaciones de la
segunda mitad del siglo XVII dejando tras su muerte dos importantes seguidores (uno,
Pedro de Mena) .
Transparente de la catedral de Toledo
s. XVIII (1721-1732)
Narciso Tomé. Mármol, bronce y pinturas al fresco.
Los
Tomé en 1717 decoran la fachada de la universidad de Valladolid, perola obra más espectacular es este
transparente. Demuestran conocer los principios de Bernini: arquitectura,
escultura y pintura pierden sus límites para fusionarse con la luz en una obra total
donde los efectos ilusionistas, los querubines y los frágiles órdenes
contribuyen a la sensación de aparición celestial.
Fue concebido por el cardenal
Astorga, su finalidad era iluminar el
sagrario de la capilla mayor. Para ello se horadó la bóveda de la girola
para que entrara luz desde el exterior y se propagara por el sagrario a través
de un hueco en la capilla mayor
El espacio es uno de los grandes
temas de esta obra. Por un lado, tal como hizo Bernini en la capilla Cornaro,
se finge el espacio al estilo barroco haciendo uso de perspectivas para crear
la ilusión de distancia en un mínimo de profundidad. A esta ilusión contribuye la
perfecta armonía entre arquitectura, escultura y pintura que se unen en un todo
a través de líneas ondulantes, curvas y quebradasverdadera conjunción plástica al servicio de
una idea religiosa: el triunfo de la Eucaristía
La tendencia a promoveruna piedad sensible, tanto en la arquitectura
como en las artes plásticas, es promovida por la Contrarreforma. Así
se explican estas construcciones tan teatrales y escénicas, también la
construcción de camarines y capillas sacramentales, (espacios aislados y
recogidos dentro de las iglesias, que permiten una relación más directa,
cercana, con el objeto de culto).
La construcción de trasparentes arrancaen España ya en el s. XVI cuando Herrera en
el retablo del Escorial abre uno para colocar el tabernáculo, pero los más fastuosos como este de Toledo se hacen en el
s. XVIII.