Arteazuer

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martes, 10 de enero de 2012

Descendimiento - Van der Weyden

Van der Weyden: Descendimiento.
S XV 1436.
2,2 x 2,80 m.
1 Van der Weyden pertenece al grupo de los primitivos flamencos, que aunque estudiados en el periodo gótico, sus técnicas y formas, en muchos aspectos son plenamente renacentistas.
Otras obras de Van der Weyden: temas religiosos y bellos retratos

2 Museo del Prado., adquirido por Felipe II, gran admirador suyo. Originalmente encargo de la cofradía de los Ballesteros de Lovaina ( Bélgica) para su altar en una iglesia .Esta posiblemente sería la parte central de un tríptico cuyos laterales se perdieron
.
3 Análisis formal.
Técnica: óleo sobre tabla. Gran tamaño de figuras, casi natural. Demuestra con maestría lo que se puede hacer con la técnica del óleo: valores táctiles, detallismo, veladuras…

Tema religioso, del Evangelio de San Juan:  “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María mujer de Cleofás y María Magdalena…José de Arimatea…pidió permiso a Pilatos para retirar el cuerpo de Jesús. Fueron pues y retiraron su cuerpo. Fue también Nicodemo con una mezcla de mirra y aloe. Tomaron su cuerpo y lo envolvieron en vendas con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar”. Tratado sin convencionalismos medievales, como las coronas de santidad, sino como personajes contemporáneos del pintor, de un gran realismo.

Composición: muy cuidada. Todas las figuras en un primer plano, comprimidas como en una caja o un escenario, como las esculturas de un retablo gótico, con el fondo liso de oro, sin paisaje, sólo un poquito de suelo con alguna piedra y huesos del calvario. Tracerías góticas en los ángulos. Todo el protagonismo es de los rotundos personajes modelados como esculturas.  En el centro de la composición la cruz, el joven y José de Arimatea. Los laterales con los personajes de San Juan y María Magdalena como paréntesis de la escena.En el centro el cuerpo de Cristo y la Virgen en la misma línea, los brazos en la misma postura. María, vestida de azul (pureza), entonces el pigmento más caro, contrasta con el rojo, de San Juan. Colores puros, limpios e intensos. El blanco armoniosamente repartido. Según estudios hechos, la división del espacio que ocupan los personajes está hecha conforme a la sección aúrea, lo que va a estar muy de moda en el Renacimiento. (Proporción aúrea: dado un segmento, u otro espacio, al dividirlo según esta proporción, la relación entre el segmento mayor y el menor es igual a la relación del segmento mayor con respecto al segmento completo, y así en las sucesivas divisiones.)

La luz de frente, sólo un ligero sombreado detrás de los personajes, lo que aumenta la vivacidad de los colores.

Gran realismo y dramatismo expresivo. Realismo en las carnaciones: la palidez de desmayo de la virgen: la carne de Cristo muerto. Expresiones de desmayo, muerte, dolor con detalles como la lágrima de san Juan. Paños con pliegues duros, con aristas que recuerdan a las esculturas del borgoñón Claus Sluter (típico plegado flamenco). Detallismo preciosista en ropajes de Nicodemo, típico también de primitivos flamencos. El dibujo muy marcado delimitando la pintura, típico de pintura bajomedieval y renacentista

Contexto.- Van der Eyden, igual que su contemporáneo Van Eyck, trabaja y aprende en talleres gremiales. Su trabajo fue, en vida, muy valorado y bien pagado, tanto por duques y príncipes,  como por mercaderes y cofradías. (Se puede repetir lo mismo que hay en  La adoración del cordero místico de Van Eyck)

Para completar: Es éste otro camino por el que avanza la pintura flamenca, que tiene muchos aspectos en común con la pintura de Van Eyck, especialmente desde el punto de vista técnico, pero que se hace ahora mucho más dramático y expresionista.
Van der Weyden, discípulo de Campin es un autor menos complejo en sus interpretaciones simbólicas que Van Eyck. Ello unido a su fuerza expresiva, la claridad compositiva y la rotundidad y sencillez de sus imágenes, convertidas así en auténticos iconos, hicieron que su ora fuera muy apreciada por un amplio y variado público, y que gozara en vida de reconocida fama. Un buen ejemplo es este famoso Descendimiento. A pesar de su calidad es una obra primeriza, bastante influida por su maestro Campin.
La composición resulta muy teatral: se recrea frecuentemente en espacios interiores, y prescinde de elementos anecdóticos como el paisaje, resulta así una obra más escueta y concisa.
Por otra parte se advierte que está muy estudiada, perfectamente equilibrada por un eje central, marcado por el madero de la cruz, el joven que lo descuelga y del propio José de Arimatea. Presenta además una estructura cerrada, delimitada en sus extremos por las dos figuras curvadas a modo de paréntesis (San Juan y una de las tres Marías), y  la reiteración de actitudes en dos parejas de figuras, las dos de pie que flanquean a Cristo (otra de las tres Marías y Nicodemo) y muy especialmente las dos protagonistas, Cristo y la Virgen. Es interesante como elemento compositivo esta reiteración formal entre Cristo y la Virgen: una y otra figura se disponen paralelamente repitiendo la postura; una está vestida,  la otra desnuda; el uno muerto, la otra desmayada; una en color frío, el otro cálido; ambos con el brazo yerto. Disposición que en conjunto señala un óvalo central que termina de cerrar toda la estructura compositiva.
En cuanto al dramatismo expresivo surge de los mismos gestos de los personajes, a veces teatralmente exagerados (véase la Magdalena); de la propia ambientación lúgubre y escenográfica, y por supuesto del trabajo complementario en los paños, a base de pliegues duros, aristados, hirientes, que nos recuerdan a Claus Sluter y definen una estética muy característica del mundo flamenco (plegados flamencos).
La obra probablemente ocuparía la tabla central de un tríptico encargado por el gremio de los ballesteros de Lovaina. Posteriormente la adquiriría María de Hungría y finalmente pasaría a la colección de Felipe II, gran admirador de esta pintura.





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