Arteazuer

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viernes, 18 de marzo de 2011

La escultura barroca española


La escultura española del XVII está relacionada directamente con la difusión de las ideas de la Contrarreforma  expresadas en el Concilio de Trento: acercar la religión al pueblo. El estamento eclesiástico, principal promotor de este género, se convierte, frente al movimiento protestante, en defensor del valor pedagógico y moral de las imágenes y refuerza su utilización como instrumento de acercamiento del mensaje doctrinal a los fieles, fijando normas para hacerlas claras y comprensibles, verosímiles y capaces de emocionar y conmover. Partiendo de los postulados contrarreformistas, aparte de episodios de la Pasión de Cristo, se desarrollan escenas de exaltación mariana y variada representación de santos (mártires, místicos, penitentes)
La escultura española partiendo de estos principios, desarrolla una personalidad propia utilizando el realismo como lenguaje plástico, policromando las figuras  (a veces con colores sobrios para evitar la distracción de los fieles), empleando postizos (dientes de marfil, ojos de cristal…) Figuras de gran dramatismo  pero sin movimiento excesivo, sino en actitudes calmadas.
El empobrecimiento económico de España frena los encargos de la nobleza y la burguesía, lo que convierte a la iglesia en la principal cliente del arte a través de monasterios, conventos, parroquias, cofradías. Las cofradías organizaban las procesiones y encargaban los pasos de Semana Santa...
 El signo diferenciador de la escultura hispánica, tanto renacentista como barroca es el color, las esculturas pintadas hablaban a las almas piadosas un lenguaje más elocuente que las esculturas labradas en piedras blancas.
La imaginería barroca española, tanto figuras de pasos como de culto, tiene dos escuelas,  la castellana  de obras más trágicas y dramáticas y la andaluza donde predomina más lo melancólico, lo místico… 

La escuela andaluza


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