Arteazuer

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viernes, 17 de febrero de 2012

Baldaquino de San pedro - Bernini


Baldaquino de San Pedro. S XVII (1624)
Bernini.
Basílica de San Pedro. El Vaticano

 Material de construcción: mármol veteado, bronce  y estuco dorado...
Fue la primera oportunidad para que Bernini demostrara su genio articulando una combinación de escultura y arquitectura que reafirma simbólicamente la centralidad del espacio de la iglesia en relación a la cristiandad
Rematado por cuatro brazos que se curvan hacia lo alto y hacia el interior, rematados a su vez  por una esfera y una cruz.
La línea predominante, la curva, típicamente barroca que pone tan de moda Bernini en toda Europa al repetir la forma helicoidal de las columnas del casi legendario Templo de Salomón descrito en las Sagradas Escrituras.
Unos años más tarde, también en San Pedro Bernini transforma los grandes pilares  torales en torno al baldaquino para albergar reliquias y también detrás del baldaquino, en el ábside, creando  una continuidad visual, realiza un transparente  que resalta la Cátedra de San Pedro, consagrando así al barroco  como el arte efectista que trata de impresionar por los sentidos el ánimo  del creyente.
PARA COMPLETAR:
Se realiza en 1624 por encargo del papa Urbano VIII, verdadero mecenas de Bernini, utilizando el bronce expoliado al Panteón romano, lo que le valió  la frase “Quod non fecerunt barbari fecerunt Barberini”. Obra de movilidad extrema se trata de un gran palio permanente sustentado por cuatro columnas salomónicas, con fustes con decoración vegetal y, capiteles corintios apeados sobre cuatro podios. El dinamismo intrínseco de los fustes torsos se ve potenciado por entablamentos clásicos fragmentados que, en número de cuatro, se asientan como tacos sobre los capiteles y se unen por lambrequines que recuerdan  las arquitecturas provisionales construidas para determinados acontecimientos. Grandes tallos en volutas rematan la construcción, proporcionándole un ascendente forma apuntada.
El baldaquino se constituyó en pieza fundamental de la renovación artística iniciada, según la Iglesia, “ad maiorem Dei Gloriam”, pues asumió primeramente la misión de enfatizar el lugar más importante de la cristiandad, cobijado bajo la gran cúpula, la tumba del apóstol San Pedro. Pero también, por otro lado, se valió de su preeminente ubicación para exaltar al papa Barberini, cuyos símbolos familiares, las abejas y sol, campean en su parte superior. Las columnas torsas, creidas similares a las del Templo de Salomón, resaltan la figura de Urbano VIII como moderno Salomón de la cristiandad, y Roma, como la nueva Jerusalén, triunfante sobre el protestantismo.


1 comentario:

  1. es impresionante,yo estuvo hace dos años en el Vaticano y me quede sin palabras por tantas esculturas,telares y cuadros que hay allí

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