Arteazuer

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jueves, 9 de febrero de 2012

La Gioconda - Leonardo da Vinci


Leonardo da Vinci
La Gioconda 1503-1505
Óleo sobre tabla; 77 x 53 cm.
 Louvre. París
Vuelto a Florencia de su primera estancia en Milán, Francesco de Giocondo le encarga el retrato de su joven esposa, Monna Lisa- según la identifica Vasari, aunque hay quien ha buscado, sin pruebas, otro modelo.
En 1517 aceptó la invitación de Francisco I para residir en Francia, llevando consigo la Gioconda, La Santa Ana y San Juan Bautista, su última pintura. Moría en 1519.
Antes de comprarlo Francisco I, el cuadro estuvo en Milán donde lo llevo el heredero,  alumno predilecto de Leonardo que también vivía con el maestro en Francia

¿De qué se ríe esta mujer, si es que se ríe? ¿Quién era la representada? ¿Estaba o no embarazada? ¿Puede sostenerse, como algunos afirman que en realidad se trata de un autorretrato del propio Leonardo? ¿Tenía razón Freud cuando afirmaba ver en el personaje rasgos masculinos? ¿A qué se debe la ausencia de cejas? ¿Por qué el paisaje a ambos lados de la figura no tiene continuidad posible? ¿Y en qué lugar concreto se inspiró el autor para reflejar ese paisaje?¿Qué llevó a Leonardo da Vinci a conservar en su poder esta obra hasta su muerte?
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Estos interrogantes y muchos otros acompañan a uno de los cuadros más famosos de todos los tiempos, Parece casi irreal que esta pequeña obra de medio metro de ancho y tres cuartos de alto haya congregado en torno a sí tantas pasiones. Y, al mismo tiempo, se da la paradoja de que una mujer solitaria y enigmática está siempre rodeada de masas de turistas ansiosos por ver la obra en el museo del Louvre. pero claro, la pintó Leonardo, del cual se conservan muy pocos cuadros y encima la captó con esa sonrisa que supone el enigma de los enigmas.

Pintada en Óleo sobre tabla de álamo de 77 por 53 cms., la Gioconda es portadora de una de las más bellas formas pictóricas, fruto de años inefables de dedicación, el Sfumato, jamás igualado por obra alguna y un símbolo de perfección leonardezca.
Leonardo da Vinci jamás dejo de retocarla, y esta obra tiene el honor de haber acompañado al genio durante toda su vida y de ser esta la percepción idealizada de sí mismo que el autor concebía, pues en ella encontraba la mirada inocente e inexorable de un niño maravillado por las formas y misterios del mundo, la sonrisa que otorga la paz y lo secreto, las manos sutiles para albergar lo celeste, la armonía que pretendía hacer llegar a cada espacio y cada acto que cumplía... leonardo veía su alma en el alma de gioconda, sobran las burdas apreciaciones referentes a la sexualidad del genio, son innecesarias y superfluas, el se miraba a lo profundo, no a las formas circunstanciales.
El Sfumato encierra otro misterio del Universo... "La Unidad"... no existen lineas divisorias, todo es un matisse de los cuerpos y colores, alcanzados como atmósfera, no hay vacíos, es Todo en un instante, nos recuerda las antiguas tradiciones Tibetanas que hablan de la "Gran herejía" de la separatividad que menciona la inexistencia del vacío como forma natural de Universo y a la vez las más recientes investigaciones de la Astrofísica que hablan de la existencia de materia oscura que liga cada átomo del Universo conocido.

ARTEHISTORIA - Es difícil tratar de hacer comentarios a la Gioconda. La fascinación que ha ejercido a lo largo de los siglos y el poder que tiene sobre la mirada del espectador obstaculizan un análisis objetivo, dado el icono en que se ha convertido para la cultura del mundo moderno y contemporáneo. En ella se citan todas las características de la pintura de Leonardo: el empleo del sfumato, esa técnica que difumina suavemente los rasgos hasta hacer indefinibles los contornos; el hermoso paisaje del fondo, agreste, salvaje y de un matizado tono azul que lo hace desaparecer en un degradado invisible; la ambigüedad del rostro, la indefinición sexual que la hace parecer una mujer, un adolescente... un mito de androginia que tiene referencias inacabables con teorías filosóficas y religiosas; y, por encima de todo, la sonrisa más melancólica y misteriosa de la historia del hombre. El retrato es el de Madonna Lisa, la señora Lisa, la esposa de Francesco del Giocondo, de donde toma su sobrenombre. Leonardo retuvo consigo el retrato hasta su muerte, no dejó de trabajar en él y, por supuesto, jamás se lo entregó a su cliente. De sus manos pasó a la colección real de Francia y hoy puede verse en el Museo del Louvre, protegida por un panel blindado y envuelta en un remolino de turistas que la fotografían sin cesar.




A partir de 5´16"

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/02/01/actualidad/1328129037_819926.html

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