Óleo sobre lienzo. 4,6 x 3,6
m .
Iglesia de Santo Tomé.
Toledo.
El acta dice :” Sobre el lienzo deberá pintarse una
procesión en la que se verá cómo el vicario y otros sacerdotes leen la misa en
el entierro de don Gonzalo Ruiz, señor de de la ciudad de Orgaz, y como San
Esteban y San Agustín descienden para
enterrar el cuerpo del noble, sosteniendo uno la cabeza, el otro los pies y le
depositan en el sepulcro, alrededor serán representadas muchas personas
contemplándolo, y por encima de todo se mostrará el cielo que ese abre para su
glorificación”.
Cuando la obra fue entregada la
iglesia se resistió a pagar lo que el pintor pedía, tras una serie de pleitos y
recibir el artista lo que pedía, éste dejó escrito: la cantidad del pago está por debajo del valor de mi obra, como cierto
es que mi nombre pasará a la posteridad
como el de uno de los más grandes genios de la pintura española”.
Solo el párroco de la derecha se percata de lo que está ocurriendo
en el cielo y mira extasiado hacia lo alto. A la izquierda un muchacho señala
con el dedo hacia la escena, según A.
Hauser, tiene la función, en el manierismo, de establecer un nexo entre el
espacio pictórico y el espacio real, entre el arte y el espectador.
PARA COMPLETAR: Se representa en esta obras el hecho milagroso que aconteció durante el
entierro de Gonzalo Ruiz, Conde de Orgaz, personaje que vivió en el siglo XIV:
concretamente la aparición de San Esteban y San Agustín. El cuadro, como muchos
otros de El Greco se articula magistralmente en dos niveles: el terrenal y el
de la Gloria ,
unidos compositivamente por un ángel en violento escorzo.
En la zona baja o nivel de
tierra, El Greco aprovecha para pintar el máximo realismo: las imágenes de
ambos santos (San Agustín con mitra de obispo, y San Esteban con dalmática
-especie de casulla- de diácono), de una meticulosidad en los detalles,
preciosista; la del cadáver, con su tono cetrino, tan real; y sobre todo la
galería de retratos excepcionales de contemporáneos suyos, incluido su hijo, a
la izquierda mirando al espectador, y él mismo mirando también al contemplador.
En el nivel de la Gloria , están representados
junto al propio protagonista de la obra, Cristo con la Virgen , San Juan, San Pedro
y los bienaventurados, entre los que se incluye a Felipe II, no se sabe si por
fidelidad o por ironía. Pero lo más sorprendente es que en esta zona cambia su
manera de pictórica: frente a la zona de la tierra real, la parte alta, la de
Gloria, por ser una zona del mundo ideal, la pinta con un técnica completamente
distinta, en este caso siguiendo todos los cánones manieristas: pincelada
suelta y vaporosa; colores cálidos e intensos; figuras alargadas; luces
fantasmales; figuras ingrávidas, sin soporte material alguno; y con una
anatomía figurativa sin precedentes en la pintura occidental.
En resumen, como dos cuadros bien
diferentes en sólo uno, magistralmente hilvanados por el ángel, colocado en un
escorzo inverosímil, justo en el centro del “ROMPIMIENTO DE GLORIA”
Protegido con sacos durante la guerra civil (Flickr) |
Este cuadro es una m********* pero esta pagina me gusta me gusta.
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